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El arroyo Canrayao

150206 acanrayao 1Casi siempre lleva agua, pero en verano se ve reducido a una sucesión de charcos aislados. Dan ganas de llamarle río en vez de arroyo, más por lo que significa para los ribereños que por sus méritos:

Por eso, para nosotros, el arroyo Canrayao siempre será especial

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El camino real de Puebla de Valles

150204 camino real 1Hasta bien entrado el siglo XX el acceso a los pueblos de la Sierra Norte se realizaba por caminos de herradura; solo las cabeceras de comarca (Tamajón) y algunos otros lugares afortunados tenían carriles, por donde podían pasar carros. Esto explica (en parte) el aislamiento de nuestros pueblos durante siglos.

Algunos caminos recibían el apelativo de “real”; unos dicen porque fueron construidos y/o mantenidos por la Corona, otros porque en tiempos remotos se pagaba peaje. El camino real de Puebla de Valles lo comunica con Uceda y Torrelaguna.

150204 camino real 2El camino nace en el pueblo y sigue el cauce del arroyo del Lugar hasta las proximidades del Jarama; sube por el alto de las viñas y luego llanea en paralelo al río, cruzando los arroyos Muradiel y Canrayao hasta el puente de Valdepeñas. Desde aquí el camino real seguía el trazado actual de la carretera CM-123.

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Panaderías, carnicerías y tiendas en el Catastro de la Ensenada

Aunque lo habitual en La Ribera era que cada familia se hiciera su pan, en horno propio y/o alquilado, había panaderías en Beleña y La Mierla, propiedad del municipio y que no rentaban nada.Algo parecido pasaba con las carnicerías (solo había en Puebla de Valles, Tamajón y Valdepeñas). Eran del pueblo y no proporcionaban renta alguna; el arrendatario apenas sacaba un salario mísero (2 reales/dia).140317 tiendas

Aunque  también había mercería y abacería (tienda de ultramarinos)en Puebla de Valles y en Valdepeñas,  no debían ser muy rentables (entre 50 y 300 reales)  ya que en ambos casos el tendero atendía otros negocios (taberna y carnicería en Puebla, el mesón en Valdepeñas).

En general el volumen de negocio de las tiendas debía ser escaso ya que era habitual que no pagasen renta (solo se abonaban 300 reales/año en Valdepeñas) y que compartieran local (La Mierla).La tienda de azúcar y pescado de Tamajón  compartía local con la taberna; entre ambas rentaban  1.800 reales.

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Tabernas y mesones en el Catastro de la Ensenada

Todos los pueblos de La Ribera producían vino, generalmente para consumo propio; quizás por eso en algunos no había taberna (Tortuero, Puebla de Beleña, Valdesotos).Pero al igual que la almazara y la fragua, la taberna era lugar de reunión de los hombres (las mujeres lo hacían en el lavadero).140319 taberna

Esta labor social justifica que el local fuese propiedad del municipio y arrendado a bajo precio  (60 reales año en Muriel  y 100 en Alpedrete). Salvo excepciones, su volumen de negocio era escaso y su rentabilidad mínima  (300 reales/año en Puebla de Valles). Por eso compartían local y tendero con otro negocio. 

En Tamajon  la taberna debía ser rentable (junto a la tienda de pescado daba 1.800 reales/año).  La taberna de Valdepeñas pertenecía al pueblo, estaba arrendada por 1.100 reales//año y daba de beneficio 500 reales; el tabernero también ejercía de carnicero. Solo los núcleos importantes, como cabeceras de comarca, tenían mesón; eran pequeños y de escasa rentabilidad (160 reales//año en Tamajón).  En Valdepeñas había un  mesón de la villa, arrendado en 113 reales/año que regula  (da de beneficio) 550 reales.

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Artesanos en el siglo XVIII

La artesanía del siglo XVIII en La Ribera era rudimentaria y estaba muy ligada a necesidades básicas de las gentes, según detalla el Catastro de la Ensenada. Sastre, zapatero, herrero,  albañil, … eran oficios comunes. 140312 artesano

Había sastre en Tamajón (2) que cobraban por año (1.100 reales) y en Valdepeñas, que  recibía 5 reales por día trabajado. Zapaterías en Valdepeñas y Puebla de Valles; debían ser prósperas, ya que contaban con maestro y oficial (2 en Puebla) y buenos sueldos (6 reales el maestro, que duplicaba el de los oficiales).

140312 artesano 2El herrero, además de los trabajos de forja, componía tinajas y hacía de cerrajero. A veces estaba contratado a sueldo por la villa  (en Puebla de Valles a 3 reales/día), otras por los vecinos  (36 fanegas de trigo en Puebla de Beleña) y en ocasiones era ambulante, cobrando por trabajo realizado (Beleña). Tamajón también disponía de un herrador.

Maestro albañil (maestro de obras) había en Valdepeñas (2) y Puebla de Valles,  con un sueldo de 6 reales diarios; no había oficiales ni peones. En Tamajón había un taller de cantería, con maestro  (6 reales de sueldo), oficial (5) y aprendiz (sin paga).

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Profesiones liberales en el Catastro de la Ensenada

En el siglo XVIII no existía este concepto, pero de alguna debemos agrupar los oficios de La Ribera que no pueden encuadrarse en propietarios, religiosos o sanitarios, pero que tenían un estatus parecido.

El escribano (fiel de fechos) recogía en actas  lo relativo al municipio que debiera comunicarse a instancias superiores; por ello se valoraba más que tuviera buena letra que una gramática correcta. A veces el escribano atendía a pueblos vecinos (cobrando), como el de Valdepeñas que subía a Alpedrete.  En Puebla de Valles lo pagaba el ayuntamiento ((2.200 reales/año), mientras que en Tamajón debía completar sus ingresos comprando lanas finas para comerciantes de Madrid.140307 liberales

En Tamajón había un “mercader de paños, lienzos, sedas y demás zarandajas que vende al por mayor, con capital suyo y ajeno, y obtiene ganancias de  2.160 reales/año.  También compraba lanas por cuenta de un mayorista de Madrid, obteniendo un beneficio estimado de 600 reales/año.

Un caso peculiar es Alpedrete, donde había recaudadores de impuestos y así se menciona en el Catastro de la Ensenada: los diezmos de menudos estaban arrendados a un vecino del pueblo y el diezmo de corderos a una persona de Valdepeñas.

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Curas, clérigos y sacristanes en siglo XVIII

El cuidado de las almas en La Ribera dependía del párroco del lugar, si bien Beleña confiesa que no tiene cura… por ahora. Algunos atendían además pueblos vecinos: desde La Mierla se llevaban Muriel y Sacedoncillo; desde Puebla de Valles, Valdesotos. El Catastro de la Ensenada refleja sus nombres, precedidos del Don.

Su sueldo era abonado por la iglesia, que recaudaba a través de  impuestos específicos, los eclesiáticos. En algunos casos el ayuntamiento pagaba al cura por año (en Muriel, 15 reales y 17 maravedíes) o por servicio (Alpedrete  daba 4 fanegas de trigo y 4 de centeno por tocar la campana por niebla y pedrisco).

El número de habitantes justificaba que en Tamajón hubiera 2 sacerdotes 140304 sacristany en Valdepeñas 2  más un clérigo menor;  pero no hay razón aparente para que hubiera 3 en Puebla de Valles. En Valdesotos había sacerdote y clérigo menor (eran  hermanos) y en Tortuero solo un clérigo menor.

Se menciona el convento franciscano de Tamajón, con 12 sacerdotes, 3 legos y 1 donado. Asimismo se indica que hay una casa de los Bernardos de Montesión  con un  religioso que administra la hacienda de Bonaval en el lugar.

El sacristán era una figura imprescindible en los pueblos. Su sueldo oscilaba entre los 365 reales que cobraba en Tortuero (a tiempo parcial) hasta los 1.500 en Puebla de Valles (dedicación completa). En Tamajón ejercía además como maestro de primeras letras y de escuela, cobrando de los padres de los niños  mil reales año.

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La sanidad en el siglo XVIII

Gracias al Catastro del Marqués de la Ensenada sabemos como era la sanidad en el siglo XVIII en los pueblos  de La Ribera.  Una comarca que superaba los 2.500 habitantes, dispersos en 13 núcleos, de los que solo Valdepeñas y Tamajon superaban los quinientos.

La asistencia básica la prestaba el cirujano (en La Mierla se le denominaba barbero sangrador) y solía haber  en cada aldea (Puebla de Beleña). En otros se desplazaba desde el pueblo vecino: SacedoncilloMuriel se atendían desde Tamajón.  Sus ingresos eran escasos: Simón Gómez  recibía 650 reales de Puebla de Valles y 400 más de Valdesotos. El cirujano de Valdepeñas ingresaba 1.800 reales y su mancebo 180; quizás porque también atendían Alpedrete.  140227 sanidad siglo XVIII

Solo había médico en Tamajón,  que atendía a pueblos en un radio de 20 kms (hasta Majaelrayo y Valverde de los Arroyos). Cuidaba de los monjes del Monasterio de Bonaval por 300 reales/año y, en una especie de iguala,  de algunos vecinos de Puebla de Valles. Sus ingresos superaban los 3.200 reales.

Hospital habia en Tamajón, con 2 camas y una renta de 77 reales, y en Valdepeñas, que atendía a los pobres de paso y tenía 40 reales de renta. Los boticarios de Valdepeñas y Tamajón atendían los pueblos vecinos; su nivel de ingresos oscilaba entre los 2.500 y 3.000 reales.

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Mision pedagógica a La Mierla

El día 22 de febrero 1.932, un grupo de misioneros de los que estuvieron en Valdepeñas (el otro se quedó en Puebla de Beleña), se dirigió a La Mierla, distante pocos kms. Así se refleja en el Acta de la Misión, recogida por  Francisco Alfredo Pérez en su artículo de Wad-al-Hayara:140114 mision Mierla

“Pueblecito más pequeño y apartado, pero más acogedor también, sin esclavitud de prejuicios políticos. Tiene una linda escuela de nueva planta, de donación particular, bien dotada, alegre y limpia; una maestra trabajadora y un Consejo local sinceramente interesado en los problemas culturales.

Las sesiones se realizaron en la escuela, presenciándola la totalidad del pueblo con un recogimiento respetuoso y agradecido. En una más larga permanencia, seguramente, esta actitud de respeto cohibido se hubiera encauzado hacia una relación más libre y familiar, más espontánea, la que estos pueblos necesitan para mostrar sus reacciones intimas.” 140114 mision Mierla 2

Se realizaron 7 proyecciones en dos sesiones, separadas por una hora para la cena. Al final se les entregó una pequeña biblioteca infantil que acogieron con muestras de gratitud. A altas horas de la noche, reunido este grupo con el de Puebla de Beleña, emprendió la marcha hacia Tamajón.

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Mision pedagógica a Puebla de Beleña

Tras abandonar Valdepeñas, el día 22 de febrero los misioneros se dividieron en dos grupos, según explica Francisco Alfredo Pérez en Wad-al-Hayara. Uno se quedó en Puebla de Beleña  y el otro fue a La Mierla. En Puebla de Beleña se realizaron 2 sesiones, con una hora en medio para la cena, y se proyectaron 5 documentales. El acta refleja que la acogida no fue buena, si bien los monitores tratan de justificarlo:

140110 mision Puebla“Es un pueblecito que por su posición y ser lugar de veraneo, tiene relaciones directas con Guadalajara y Madrid, con una pequeña escuela de ambiente desolador. No tenían la más remota idea de las misiones y la acogieron con recelo cazurro, cohibido y malicioso a la vez. Sospecharon quizás de una propaganda política y se disponían a valorar su voto.

Las sesiones se realizaron en el único local disponible, sala municipal y baile público presidido por un organillo de manubrio; sucio,  chorreando humedad y con un ambiente social de zurdas prevenciones, quizás por la desvinculación de la escuela de la vida pública. Se hizo lo más que pudo hacerse…dejarles,  acaso por una sola vez, la sensación de una empresa de cultura y justicia social, noblemente desinteresada. ¡Habremos de volver a esta Puebla!”

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