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¿Monasterio? … ¿qué monasterio?

Ninguno. Es el nombre de un pequeño pueblo de la Sierra Norte de Guadalajara, adjudicado al fundarlo en el siglo XII, durante la repoblación posterior a la reconquista. No hay constancia histórica y/o legendaria de la existencia de monasterio en este lugar situado en el valle del río Aliendre.

Perteneció al Común de las Tierras de Atienza hasta que en el siglo XVI pasó a depender del Marquesado de Cogolludo, donde estuvo hasta el fin de los Señorios a mediados del siglo XIX cuando adquirió su independencia como municipio.

Un estatus que ha conservado desde entonces (sorprendentemente) a pesar de varias reordenaciones del territorio y la despoblación de los años 60, en la que estuvo a punto de desaparecer; la llegada del turismo rural lo evitó. Su casco urbano interesante (y muy restaurado), donde destaca la iglesia del siglo XVII, presenta un aspecto saludable. Hoy tiene servicios de bar, restaurante y alojamiento; celebra las fiestas patronales el 2do fin de semana de septiembre.

Su pedanía Fraguas, abandonado hace 50 años, ha saltado a los medios por el intento de restauración por parte de un grupo de jóvenes, ante la oposición de la Junta de Castilla-La Mancha y que ha terminado en los tribunales.


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Patrimonio Industrial de la Sierra Norte de Guadalajara en el siglo XIX

De las presas de La Parra y Navarejos (Alpedrete, en Valdepeñas de la Sierra), construidas en 1.860 con bloques de caliza sobre el río Lozoya para llevar agua para Madrid, se conservan tomas, canalizaciones, minas de ataque, edificios auxiliares … algunas en un estado razonable.

Las salinas (Imón, Olmeda de Jadraque, …) empezaron a decaer con la supresión del monopolio de la sal (1.869) si bien sobrevivieron hasta mediados del siglo XX y alguna(s) hasta el siguiente. Son visibles ruinas de almacenes, norias, estanques, recocederos, capilla y viviendas de trabajadores de los siglo XVIII-XIX, asi como el camino salinero.

La fiebre de la plata llenó la Sierra Norte de pozos, minas y edificios anejos (almacenes, casas, …) cuyas ruinas son visibles en La Bodera, Hiendelaencina, Villares de Jadraque, Semillas, … Construidos con los materiales de la tierra (pizarra, gneis, caliza, madera, …) se integran en el paisaje. Para transformación del mineral en plata se crearon centros metalúrgicos con azud, caz y hasta central eléctrica sobre los ríos Cañamares y Bornova.

La Constante en Gascueña de Bornova fue el más importante; algunos años suministró más del 50% de la plata que se producía en España. Albergó altos hornos, central eléctrica, poblado de ingleses, capilla y escuela. La mineria de la plata pasó por momentos álgidos y otros decadentes pero cambió la fisonomía de la comarca. Un museo en Hiendelaencina recoge la historia de la mineria de la plata en la comarca.

El boom de la plata provocó que crecieran fábricas de ladrillos y tejas, ya que resultaban más baratos y manejables en las nuevas construcciones (esto explica por qué en estos pueblos y sus vecinos dorados los antiguos tejados son de pizarra y otros de teja) que luego se extendieron al resto de edificios.


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Patrimonio Popular del siglo XIX en la Sierra Norte de Guadalajara

Las convulsiones potenciaron la conciencia social y el uso comunal de bienes, sobre todo en la segunda mitad del siglo. Se restauraron la mayoria, utilizando materiales de edificios en ruinas (por las Desamortizaciones) y mediante Hacenderas. Se re-ordenó el casco urbano y los corrales fueron ubicados en la parte alta del pueblo, bien aireados y con el abrevadero próximo (Las Navas de Jadraque) y/o en las afueras, pero en lugar cercano (Semillas).

Mención especial merece Hiendelaencina. Con el dinero de la plata construyó un casco urbano nuevo y moderno, incluyendo iglesia y plaza Mayor, que ocupó la burguesía surgida de esta actividad minera. Se mantuvo la parte antigua (de pizarra negra) que siguieron ocupando las clases populares.

En el siglo XIX se generalizó el revoque de fachada, en casas señoriales y de las otras como símbolo de prosperidad de la familia, tanto en las nuevas como en las construidas con anterioridad. Aún son visibles en nuestros pueblos, entre magníficas casas de pizarra, gneis, caliza, … En Pálmaces de Jadraque están serigrafiadas con escenas de la vida cotidiana y de caza.

Cada familia tenía bodega propia, habituales a partir de mediados del siglo XIX. Excavadas en la roca y/o en la arcilla aprovechando una ladera, son pequeñas y la puerta de entrada tiene forma de arco, de medio punto y/o de herradura (reminiscencias mudéjares). En el interior tinajas para el aceite y el vino. En muchos lugares, la bodega estaba y aún sigue estando bajo la casa.


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El siglo de los desastres (XIX) en la Sierra Norte de Guadalajara

Tiempos convulsos que afectaron a todo el país pero tuvieron especial significancia en la Sierra Norte. Durante la Guerra de Independencia, los guerrilleros del Empecinado tuvieron aquí su campo de batalla (y en Cogolludo su cuartel general).

Tras la guerra, el pueblo trató de volver a la normalidad pero surgieron partidas de bandoleros. Si a esto añadimos el absolutismo, el liberalismo, las guerras carlistas, las convulsiones de la I República, la vuelta a la monarquía, las guerras coloniales, … se comprenderá que esta tierra quedara exhausta.

La guerra con los franceses, las desamortizaciones liberal y de Mendizabal provocaron el abandono de monasterios (Bonaval) y conventos (Franciscanos de Tamajón y Cogolludo), ya muy dañados, así como la pérdida de innumerables muebles, pinturas, ropajes, alhajas y elementos litúrgicos. La construcción de la iglesia de Cendejas de Enmedio en este siglo es una rareza.

El fin de los Señoríos y la independencia de los municipios (1.834) creó ciertas expectativas que pronto se vieron cercenadas por la desamortización de Madoz (afectaba a bienes comunales) que empobrecieron a nuestros pueblos. Perdieron los bienes propios que pasaron a manos de especuladores. Algunos fueron recuperadas por el pueblo (previo pago) pero otras cayeron en desuso y acabaron en ruina. Especialmente aquellos que no ofrecían una rentabilidad inmediata (castillos, torreones, ermitas, …)

A mitad de siglo, tras su descubrimiento en Hiendelancina, la “fiebre de la plata” recorrió la Sierra Norte. Surgió una conciencia social para solucionar los problemas del pueblo: construcción y mantenimiento de edificios comunes, escuelas, molinos, hornos, calles, caminos,… con las Hacenderas y reutilizando materiales. Tamajón utilizó columnas y sillares del convento franciscano para restaurar su plaza mayor y la ermita de los Enebrales.


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Oro y plata en Alcorlo

La fiebre de la plata no afectó por igual a los municipios próximos a Hiendelaencina. Según explicaba el maestro Tomás Gismera el 14 de junio en Nueva Alcarria, en Alcorlo se registraron más de 100 explotaciones mineras (que no minas, ya que muchas de ellas no llegaron a ponerse en producción) a partir de 1.850, que se suman al centenar de las solicitadas con anterioridad.

Alcorlo por su ubicación, a medio de camino entre Hiendelaencia y Jadraque, se convirtió en un punto clave y no solo por sus minas. En pocos años duplicó su población (pasó de 200 a 400 habitantes) y se convirtió en parada obligada para los viajero. Se construyeron edificios, posadas y tabernas, entre ellos el “Parador de Alcorlo” triste protagonista del secuestro del director de la Constante en 1.875.

El incremento de actividad y de población trajo problemas de orden público de los que se tuvieron que ocupar la Guardia Civil y el juzgado de Atienza. Pero la prosperidad en Alcorlo duró lo mismo que la pujanza de la plata en la Sierra Norte de Guadalajara, hasta principios del siglo XX.

En 1.971, en pleno proceso de expropiación para construir el embalse, la prensa contó que en las aguas del Bornova habían aparecido pepitas de oro (en la vecina Nava de Jadraque hubo minas en explotación). Se empezó a explorar el terreno en busca del filón, lo que despertó la esperanza de sus vecinos, … pero solo duró unos meses. El destino de Alcorlo quedó sellado bajo las aguas del pantano.


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Fábrica de papel Los Heros (II)

El molino de papel fino ofrecia una excelente calidad, tal que en 1.868 el Banco de España le contrató la fabricación de papel moneda para la emisión de 100.000 billetes de 100 escudos (…). Se firmaron contratos similares en años sucesivos hasta finales de 1.902.

El papel de las primeras emisiones era ligero pero muy resistente y llevaba una marca de agua. En las emisiones siguientes se fueron incorporando nuevos elementos para evitar falsificaciones : hebra de estambre de diferente color para cada serie, tira de tarlatana en el reverso,… que incrementaba costes, por lo que a principios del siglo XX se encargó su fabricación a una empresa francesa.

El Catastro del Marqués de la Ensenada (año 1.752) explica como era este molino: Muele y anda continuamente por acequia … ; el molino harinero tiene una muela. El molino de papel con 10 pilas de 3 mazos cada una y un martillo de vatir con una tina, soportal, cuadra, cuartos y cubiertos para estos elementos con habitación alta. Sus medidas eran 96 pies de frente por 75 de fondo ( 32 x 25 mts). De 2 plantas, en la superior estaba situado el secadero.”

La configuración del complejo no ha variado mucho con el paso del tiempo, si bien hoy está en ruinas. Destacan el edificio central, la chimenea del horno y la iglesia (similar a la de la Virgen de los Remedios de Pastrana), dedicada a San Rafael, patrón de los papeleros. A su cierre (años 60), fue vendida y sus nuevos propietarios instalaron un vivero de truchas, también desaparecido.


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Fábrica de papel Los Heros

En el P.N. Barranco del Rio Dulce, a medio camino entre Aragosa y La Cabrera, está situado el complejo industrial “Los Heros” que sorprende al caminante por su tamaño y estado de abandono (en el año 2.010 hubo un proyecro para reconvertirlo en un macro-centro de biosalud y alojamiento rural, desestimado por su impacto en el Medio Ambiente).

Las primeras noticias datan de 1.733 y hablan de la existencia de 2 molinos que fabricaban papel de imprenta, estraza, estracilla y para papeletas de pólvora. El Catastro del Marqués de la Ensenada (año 1.752) da más detalles:

existían un molino harinero, aguas arriba y anexo al molino de papel fino, ambos arrendados al maestro papelero Juan Carroset y un molino de papel de estraza. Este último, al sur del anterior, era propiedad de la Memoria de Ánimas de Torremocha del Campo y también estaba arrendado.

El molino de estraza tenía 56 pies de frente y 73 de fondo (18,67 x 24,33 mts). Constaba de vivienda alta y baja, tinado, trapera, pilas y 12 mazos que obraban de continuo por agua del Dulce que llegaba por la caz, compartida con los otros molinos. Pagaba de renta anual 530 reales (frente a los 400 reales del harinero y los 400 escudos del molino de papel fino).”

En 1.805 todos seguían en funcionamiento, si bien el molino de estraza debió desaparecer a mediados de siglo. La calidad del papel y su adaptación a nuevas tecnologías aseguraron la supervivencia del molino de papel fino hasta los años 60´s, ya en el siglo XX.


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El castillo de Pelegrina

Situado sobre una roca que domina el valle del rio Dulce su imagen impresiona. Tras la reconquista del lugar por Alfonso VII, fue donado al obispo de Siguenza. Su construcción data de los siglos XII y XIII para reforzar la linea defensiva castellana, aprovechando la torre vigía árabe que comunicaba con Torresaviñan. De ahi que el arco de su puerta principal sea de herradura.

De planta hexagonal, los torreones en forma de cilindro son macizos con la unica función de reforzar los muros de sillarejo, de 8 metros de altura y 1,5 de espesor. La torre del homenaje, cuadrada y con dos alturas, está situada al norte y defendia el acceso al castillo, junto a la barbacana que se construyó alrededor. En el patio interior un aljibe en torno del cual se situaban las diferentes estancias a dos alturas. Se mantienen en pie puertas, torreones y trozos de muralla, lo que es milagroso dada su historia:

  • Sufrió sus vicisitudes de las guerras del siglo XIV, entre Castilla y Aragón, y posteriormente en la guerra civil que enfrentó a Pedro I el Cruel con los Trastamara, por más de 15 años.
  • Fue saqueado por las tropas navarras tras la conquista de Torija a mediados del siglo XV en la guerra que enfrento a los reyes de Castilla y Aragón.
  • Durante la Guerra de Sucesión (año 1.710), el castillo fue incendiado por las tropas austriacas en su retirada hacia Aragón, si bien luego fue reconstruido.
  • En la Guerra de la Independencia fue desmantelado por las tropas napoleónicas para evitar su uso por El Empecinado. Desde entonces está abandonado, de ahi su estado de ruina.

Una visita para recorrer su interior, apreciar lo recio de su construccion y disfrutar de las vistas resulta imprescindible. Y si te bajas a la hoz, … ni te cuento


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La Bodera, un pueblo minero y desconocido de la Sierra Norte

Lugar desconocido de la Sierra Norte de Guadalajara, su nombre empezó a sonar a mediados del siglo XIX, cuando se extendió por la zona la fiebre de la plata, a raíz de su hallazgo en Hiendelaencina. Llegó a tener 500 habitantes en pocos años merced a la puesta en explotación de las minas  y su decadencia llegó con su cierre (perdió el 90% de su población).

Más de 20 minas de plata estuvieron activas a orillas del río Cañamares. Si bien hay indicios que se remontan al siglo XV, las primeras explotaciones datan de 1.844 que originaron una primera época de prosperidad hasta 1.855, seguido de un declive que duró 30 años. Tuvo un segundo periodo exitoso, desde 1.884 a 1.916, tras el cual entró en decadencia hasta su cierre definitivo en 1.925.

Su nombre se lo debe a la peña (1.408 mts) a cuyos pies se ubica el casco urbano, donde se integran iglesia y ermitas, es un admirable ejemplo de la arquitectura serrana. Predominan construcciones de sillares y sillarejo, de caliza y/o gneis, maderas bastas, con cubierta de pizarra y portones dintelados.

Según la tradición, aquí estuvo Mio Cid. Pero su futuro pasa por el turismo cultural, poniendo en valor este importante patrimonio minero. Máxime cuando las minas se hallan en un entorno natural de gran belleza, con buen acceso y algunas en un razonable estado de conservación (instalaciones, bocas e interior). Celebran sus fiestas el primer fin de semana de agosto. Dispone de bar.


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Concierto de Isaac Albéniz en Hiendelaencina

El maestro Tomás Gismera cuenta en su blog “Tierras de Guadalajara” que el genial músico D. Isaac Albéniz y su familia obsequiaron a los vecinos de Hiendelaencina con un concierto, en la Plaza Mayor el 25 julio 1.897. Con permiso de D. Tomás, sea este un breve resumen.

Cortesía Tomás Gismera

La pedagoga Asunción Vela, natural de esta villa y residente en Madrid, trabó una gran amistad con la tambien pedagoga Clementina Albeniz, que casó y enviudó pocos años después de un médico de Alcolea del Pinar, con el que tuvo dos hijos, Victor y Sara.

Clementina, para ganarse la vida, daba clases de música a jóvenes y conciertos de piano; en algunos acompañando a su hermano. Asunción pasaba algunos dias de verano en Hiendelaencina, a veces junto a Clementina con sus hijos, tambien estudiantes de música (Victor tocaba el violín y Sara tenía una excelente voz). Como en esos dias de julio de 1.897, cuando la acompañaba su hermano Isaac.

Cuentra el maestro Tomás que, con motivo de la fiesta de Santiago, se organizó una funcion religiosa en la plaza: Isaac y Celementina al piano, Victor con el violin y Sara a los coros, junto a las hijas de Juan Besabé (hacendado minero), improvisaron un concierto que enalteció al auditorio “especialmente en la Salve que se cantó al final de la misa”.

Sin duda un momento mágico, de esos que salpican nuestra historia y son inolvidables.


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