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El romance de la Loba Parda

Una joya del folclore de la Sierra Norte de Guadalajara. Este romance fue recogido en Robledo de Corpes por el maestro D. José Antonio Alonso ( en nombre de todos los serranos, gracias amigo).

En el alto de aquel cerro
hay un pastor asentado,
hiciéndose una zamarra
para guardar su ganado.

Siete lobos vio venir
y una loba desfrenada,
a coger una borrega
que era hija de la blanca
sobrina de la (?)
cuñada de la calzada
que la tenían sus padres
para el día de la Pascua.

¡Arriba perros con yerros!
¡Arriba perra guardiana!
Si me coges la borrega
tienes la vida doblada.

No me mates pastorcito
por la Virgen Soberana,
ahí tienes ya tu borrega
sin faltarle una tajada.

Ya no quiero mi borrega
de tu boca ya fateada,
lo que quiero es tu pellica
para hacerme una zamarra,
de tus orejitas guantes
de esos que gastan las damas,
de tus patitas correitas
para atarme bien las bragas.

Lar-ami

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La leyenda del bandolero Santamera

Toda sierra que se precie debe tener bandoleros. Y la Sierra Norte de Guadalajara presume de algunos y en especial de Santamera, del que no hay constancia histórica pero si una hermosa leyenda. 

161011-santamera-1Dicen que perteneció a la partida de El Empecinado, y que al terminar la Guerra de Independencia,  no se adaptó a la vida civil y se echó al monte en La Mierla, donde aún perdura la leyenda. A los niños les asustan con la frase “si no te portes bien te va a llevar Santamera”. Y les regañan con  esta otra”eres más malo que Santamera”.

Cuentan que el bandido operaba en el camino de las Encinas  (sale de la fuente medieval de La Mierla)  y en el cordel de las Merinas (hoy CM-1.004).  Entre ambos (muy transitados en la época) tenía su guarida, la cueva de Santamera, que por el tamaño de su entrada (que  disimulaba con piedras) y por la posición, más parecía una conejera.

161011-santamera-2Esto y la rapidez con que desaparecía tras los asaltos, dificultaron su captura por los migueletes; según cuentan, localizaron la cueva y apostaron una pareja en la puerta para apresarle a la salida, como así ocurrió, aunque no se sabe fecha.

Se dice que en cierta ocasión el bandolero atracó a un cura que no solo le negó la bolsa, sino que le recriminó su comportamiento y le invitó a volver al buen camino.  Además le contó las muchas penurias que sufría por los males de la posguerra y lo difícil que era ejercer su ministerio. Tanto le lloró que Santamera le perdonó la bolsa, la vida,… y hasta le dio un duro de plata como limosna. Unos dicen que el cura era de Tamajón  y otros que era monje en el Monasterio de Bonaval.  A nosotros nos basta con la leyenda, que contamos a los visitantes.

Lar-ami

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Una historia de amor en la Sierra Norte

Ahora que Maruja nos ha dejado y Pedro la llora en soledad, es tiempo de contar su historia. Maruja creció en Alicante, donde un novio enamorado prometió llevarla al altar. Un desgraciado accidente la dejó viuda antes del matrimonio. El dolor y la tristeza la llevaron a recluirse durante veinte años en casa de una familia de posibles como costurera. La radio, la música y la lectura fueron su consuelo.

Pedro vivió siempre en Puebla de Valles, de lo que daba la tierra y el ganado. Hombre sencillo, de pequeña estatura y pocas palabras, vivía con la familia de su hermana, rodeado de chiquejos; se mantuvo soltero hasta bien pasados los cuarenta porque “no encontró la mujer de su vida”. El desarrollismo y la despoblación posterior llevaron a la familia hasta Alcobendas.

160421 historia de amorEn los ochenta, una boda en Alicante puso en contacto a la familia de posibles con la hermana de Pedro. Durante el banquete hablaron de la soledad y de cómo dos buenas personas (Maruja y Pedro) la sufrían en silencio. Alguien sugirió que deberían conocerse e intercambiaron las direcciones. Un centenar de cartas y seis meses bastaron para que acabaran en boda, porque “no estaban para perder el tiempo”.

Fueron a vivir a una casa de Alcobendas, al lado de la familia de Pedro; años más tarde ambas familias se trasladaron a Guadalajara. Cuando se jubilaron pasaban largas temporadas en la Puebla; uno atendía el huerto y ella la casa, mientras ambos se cuidaban mutuamente. Así vivieron, en amor y compañía, durante treinta y cinco años hasta que la muerte los separó.

Algunos preguntaban a Maruja como había cambiado Alicante por un pequeño pueblo de la Sierra Norte. Siempre respondía lo mismo: porque encontré un hombre bueno que me hace feliz. A Pedro no hacía falta preguntarle, bastaba con mirarle cuando estaban juntos. Su figura a la caída de la tarde, en la tertulia de los poyetes, era una de las imágenes más hermosas del pueblo.

Lar-ami

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