Sierra Norte de Guadalajara, un mundo de sensaciones

Uno de mis placeres favoritos es ver el amanecer a solas en cualquier rincón de la Sierra Norte de Guadalajara. Caminar durante esos minutos que tarda el sol en salir me producen una paz indescriptible.

El pasado 10 de agosto, la salida del sol (a las 7 en punto) me pilló en ruta hacia el arroyo Muradiel, justo en lo más alto. Con esa luz y esa perspectiva, las imágenes de Puebla de Valles y Valdepeñas de la Sierra emocionan. Las figuras recortadas de los robles y de la Sierra de Concha, por encima de las cárcavas, eran muy hermosas.

Equivoqué el camino y 2 kilómetros después desapareció. En esos momentos, tuve la sensación de estar en un lugar que el hombre no había pisado en muchos años. El vuelo cadencioso de las abubillas, bandadas de estorninos y un frondoso retamar me lo confirmaron. Volver atrás no era una opción.

Tras varios intentos fallidos, encontré una vereda de corzos (vi algunos a lo lejos y sus ladridos resonaban en el valle) que, con dificultades y pinchazos, me llevó al cauce del arroyo. Toda una aventura, muy agradable y sin riesgos (siempre supe donde estaba, aunque no cómo bajar). La vuelta por el camino real me dio tiempo a rumiar y saborear un paseo inolvidable (2,5 horas que me supieron a poco).

Lar-ami

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