Llanto por la muerte de Juan García

Que me perdone Federico por tomar prestados sus versos. Pero tú, amigo, no mereces menos.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto
Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan,

Hijo y vecino de Puebla de Valles, Juan era un personaje entrañable que ya quedó inmortalizado en el libro de su pueblo, publicado en 2.006:

“Soltero de oro y hombre de bien, anduvo laborando por esos mundos de Dios más de treinta años a lomos de una maquina pesada,  hasta que un mal día fue descabalgado y acabó en el hospital. Intensa vida social y lúdica la suya hasta entonces, a la que decidió dar un giro en busca de lo auténtico. Y nada mejor que  volver a sus raíces.

Hoy dedica el tiempo a su huerto, sus animales, su familia y sus amigos.  Un buen vino, grata compañía para la tertulia y una buena comida (“con documentos” ó “bien documentada”) siempre hallan en Juan buena acogida. Su aspecto saludable así lo demuestra. El aperitivo de la mañana, el café a media tarde,  la partida de cartas y el último vino del día le provocan un estrés que combate cavando en el huerto y cuidando a sus animales. ¿O era al revés?”

Posteriormente, una grave enfermedad  y un terrible accidente mermaron sus facultades. A pesar de sus esfuerzos, esta imagen se fue tornando borrosa. Hasta que la parca le ganó la partida. Descansa en paz, amigo.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un personaje tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto tu elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

 Lar-ami

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