Manifiesto “Salvar Bonaval”

Hace exactamente 849 años, bajo el auspicio del rey Alfonso VIII de Castilla (apenas un niño), y más tarde a instancias de su esposa Leonor de Plantagenet (princesa de Inglaterra, hermana de Ricardo  I “Corazón de León”, y de Juan “sin Tierra” y gran promotora de la orden del Cister) se fundó la abadía de Santa María de Bonaval. Un tesoro emboscado en las estribaciones del macizo de Ayllón y la Serranía del Ocejón, que le vigila de manera abnegada y perenne, y que sorprende al caminante de manera callada.

Sus primeros pobladores, aquellos que vinieron del palentino monasterio de Valbuena, le legaron la etimología de su nombre, para declarar ante la embestida de los siglos la bonanza y el fulgor incombustible de este “buen valle”, abrazado por las aguas del Jarama. El ‘Xarama’ bereber, que sirvió durante años de frontera, de tierra de nadie. Bonaval es hoy una ruina romántica, en mitad del “desierto”, tal y como lo entendían los monjes blancos cistercienses. Un lugar alejado del bullicio de la modernidad. Donde poder dialogar con uno mismo. Y que evidencia la peculiar forma de explicar y articular el universo, que poseían los seguidores de la regla de San Bernardo.

Bonaval no está aquí por un capricho arbitrario. Bonaval “es” (más que “está”) un lugar en el mundo, ubicado en el espacio exacto. Para la espiritualidad, para el viaje interior, y para el descenso vertiginoso a los confines de lo terrenal. Aquí. Y no en ningún otro sitio.

130613 leyenda BonavalDe por sí, tiene y todavía deja intuir, el valor de todo esto. No en vano, es una de las joyas del arte cisterciense español. Muestra inequívoca del románico de transición al gótico, y el más meridional de todos los cenobios cistercienses de toda Europa. Razones para arrodillarse ante él existen mil. Desde la decoración floral de sus capiteles, las nervaduras de sus bóvedas, las ojivas y arquivoltas, el silencio insólito de la nave del Evangelio, y hasta las enigmáticas marcas de cantero de su mampostería.

Bonaval sobrecoge a todo aquel que lo contempla. Al divisarlo en el claro del robledal, con la imponencia de las catedrales, y la luminiscencia impactante de una pequeña alhaja. Y más allá de lo puramente patrimonial, Bonaval posee un valor insondable para los que lo frecuentan, los que lo visitan, los que lo descubren, y sobre todo para los que lo tienen como vecino. Que no son otros que los hombres, mujeres y niños de Retiendas.

Pero, Bonaval se despide. Lleva tiempo despidiéndose de todos nosotros. Con un grito inaudible nos dice que se va. Que si no le ayudamos, un día de estos, dentro de seis meses, dentro de una semana, o mañana mismo, sucumbirá. Es posible escuchar, si uno presta atención, el bramido de la tierra bajo sus pilares, pidiendo auxilio. En julio de 2011, al lamento le siguió el derrumbe del lienzo completo del muro occidental. Dejando solo escombros. Y los demás nos preguntamos con temor ¿Qué será lo siguiente?

Por todo ello, se hace, no ya imprescindible, sino esencial, urgente, y vital, para todos aquellos que derramaron lágrimas al verlo, para todos aquellos que albergan un dedal de sensibilidad, un suspiro de delicadeza dentro de su caja torácica, o de ética, o de moral, o de dignidad, pedir que Santa María de Bonaval no se nos venga abajo. Pedirlo a quien corresponda. Exigirlo a quienes lo tienen en su mano.  Demandar cuantas actuaciones sobre el inmueble sean necesarias. Y reclamar su puesta en valor. Para que Bonaval se consolide arquitectónicamente, y mantenga (y cuando no, recupere) su esplendor de antaño.

Para que podamos un día quedarnos aquí en silencio, y escuchar el rugido de felicidad del interior de sus piedras. Y puedan escucharlo y sentirlo los hijos de Retiendas. Y los hijos de los hijos de todos nosotros. Que no lleguen nunca a vislumbrar un vestigio aniquilado por el tiempo. El rastro de algo, “no se qué de un monasterio”, tan solo una docena de piedras hendidas en el suelo, y ocultas en la hierba. Una cosa “que dicen que un día” fue uno de los monasterios cistercienses más bonitos de España.

Exigimos, por tanto, de todas las administraciones, locales, regionales y estatales, su compromiso inaplazable para evitar el abandono, la degradación y el derrumbe de este monasterio.  Con el ánimo de que, dentro de muy poco, con los que están y los que lleguen después, podamos entre todos, y de una vez por todas SALVAR BONAVAL.

Plataforma Salvar Bonaval

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Manifiesto “Salvar Bonaval”

  1. Un ejemplo de restauración sin ayuda administrativa la podéis encontrar en la Iglesia Vieja de Xert (Castellón). Se creó una asociación “Pro-restauració Esglesia Vella”, se apuntó quién quiso y durante años colaboró quién quiso en la limpieza. Con la subasta de pasteles que todas las mujeres del pueblohaciamos una ve al año, se consiguió poco a poco hacer algo. Las onaciones tamibén llegaron. Trás 25 años, es un orgullo para todo el pueblo.

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    • Gracias Odette por la informacion, pero aqui el problema es mucho más complejo. Bonaval fue comprado a finales del siglo XIX entre muchas familias de Retiendas, algunas ya sin contacto con el pueblo y otras aferradas a viejos prejuicios. Lo primero es conseguir que todos cedan la gestion para afrontar su restauración. Saludos

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