Olivas y huertos

Ya está aquí el invierno y la gente de La Ribera se apresura a liquidar los huertos, dejándolos baldíos hasta el mes de mayo.  Es tiempo de lombardas, romanescos, coliflores y repollos, que están en su esplendor. (Aunque Paracelso ya decía en el siglo XVI que “el olivo es amigo de la vid y quiere estar lejos de la col”,  en esta entrada ligaremos ambos).

Pues diciembre es el mes de las olivas, cuando el fruto está maduro, pleno de aceite y peso, en  su punto  para la recolección. Es el momento del verdeo (recogida de aceituna para aliño) que aquí se estila poco, salvo para autoconsumo. Los campos se llenan de escaleras, redes, varetas y sacos.

Durante la semana,  mayores y los (pocos) agricultores van de aceitunas. Si hay sol la actividad comienza a primera hora de la mañana y no se regresa hasta el anochecer. Cuando ha helado o está lloviendo, el día se torna de holganza y/o se sale más tarde.  Los urbanitas aprovechan el fin de semana.

Una tarea que se sigue realizando  más por vocación que por rentabilidad. El precio obtenido no compensa el esfuerzo,  pero la tradición (y la satisfacción personal) pesa.

Lar-ami

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