Molinos en la posguerra

Casi el final de la guerra civil y ante la escasez de trigo, un decreto obligó a todos los fabricantes a obtener harinas integrales (nacía el pan negro). En marzo 1.939 se creó la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes, cuyas funciones eran obtener, comprar y distribuir alimentos de primera necesidad (como el trigo)  entre la población. Dos meses después nació la cartilla de racionamiento y el estraperlo.

El 30 junio 1.941 se cerraron los molinos y se prohibió que operaran, so pena de fuertes sanciones. Solo podían hacerlo  algunos bajo estricto control del Servicio Nacional del Trigo.  Pero el estraperlo y la demanda de pan blanco (y harina), aguzó el ingenio de los molineros.

Algunos molinos pequeños y aislados trabajaban clandestinamente, previa petición. Los más utilizados eran de balsa, que el molinero empezaba a llenar al anochecer para no despertar sospechas. Los clientes acudían con 2/3/4 fanegas de trigo (41 kgs) y aguardaban junto a la lumbre a que todo estuviese dispuesto.

La balsa tenía varios aliviaderos que desaguaban según la molienda de esa noche. En cada uno se colocaba un cencerro (del ganado), de diferente tono, que avisaba cuando la balsa estaba a punto. Entonces, clientes y molinero se ponían a la faena para acabar antes del amanecer, ya que había que dejar vacía la balsa, y la maquinaria limpia. No solo para borrar huellas sino porque se desconocía la fecha de la siguiente molienda.

A pesar de las precauciones, no era extraño que la pareja de la Guardia Civil conociera el hecho y recibiera un poco de harina por su silencio (ellos también pasaban hambre). Como en La Ribera los molinos estaban aislados y sólo había cuartel en Tamajón (con poco personal), esta situación se produjo con frecuencia. ¡Y queríamos contarlo!

Lar-ami

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