Pan prestado

Las leyes del comercio dicen que un alimento perecedero no se presta. Pero en Puebla de Valles se estuvo prestando el pan hasta los años setenta. Aunque se desconoce el origen de la costumbre, sin duda está ligada al esfuerzo que suponía hacer pan, el alimento principal de la familia y a que se endurece a los tres días.

Molino de la Tia Avelina

Muchas casas tenían horno propio si bien las más humildes acudían al horno comunal (hasta tres, uno en el callejón de la Regadera). Cada 15 días la familia  acudía al molino de la Tía Avelina (junto al Jarama) con un saco de trigo (41 kilos) y volvía con 29 de harina, con lo que hacía una hornada de panes de 1 kilo.

El día anterior las mujeres de la casa difundían la noticia por el pueblo. Sacado el pan, por la tarde devolvían los prestados; vecinas y familiares acudían para pedir panes en préstamo. Así al final del día, más de la mitad del pan recién hecho había desaparecido y sólo quedaba en la casa para tres días. Cuando se acababa el pan propio, se comía pan cobrado ó prestado. Así se comía pan tierno todos los días.

Una costumbre peculiar. Y práctica (del libro “Puebla de Valles, usos costumbres, cuentos y leyendas”). 

Lar-ami

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