La leyenda del ánima

Dicen que en una tarde de verano un mozo de Puebla de Valles se daba un baño en el Pozo Oscuro, una bonita poza del Jarama junto a una cueva. Después de nadar un rato, decidió penetrar en la cueva, para lo que buceó unos metros hasta salir al otro lado, guiado por la luz.  Alucinado por el juego de formas,  luces y colores, se le hizo de noche. Intentó regresar al río pero no encontró la salida y se quedó hasta el amanecer.

090904 Leyenda animaUn pastor encontró la ropa al borde del acantilado, identificó a su dueño y le llamó a voces. Al no tener respuesta, dedujo que se había ahogado y así lo comunicó al pueblo. Se organizaron grupos de hombres para rastrear el río y las mujeres fueron a consolar a la familia del difunto.

 Con el alba, el mozo salió de la cueva y del río, pero no encontró la ropa. Desnudo tomó el camino de la dehesa para regresar al pueblo. Llegó a casa con las primeras luces del día; la cortina estaba echada y dentro se escuchaban llantos. Corrió la cortina mientras se cubría los genitales y  atónito observó como las mujeres lloraban su muerte.

Cuentan que las mujeres, asustadas, comenzaron a chillar “¡es un ánima!”   La más aguerrida levantó un crucifijo gritando: “¡Vete ánima, vete!”  Con el escándalo acudieron los hombres y el más atrevido le pegó dos guantazos al mozo que lo tiraron en el suelo. Ante la avalancha de golpes que se avecinaba, pudo gritar: “¡Soy yo! ¡Estoy vivo!”  

Dicen que la entrada a la cueva fue tapiada con piedras y que la calle detrás de la iglesia de le llamó  “callejón de las ánimas” en memoria de este  hecho.  La realidad es que esta preciosa leyenda circula por la Ribera y se transmite de padres a hijos desde hace varias generaciones (está recogida en el libro “Puebla de Valles”  publicado por AACHE ediciones).

 Yo quise contarla para que no caiga en el olvido.

 Lar-ami

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